domingo, 20 de octubre de 2013

PRENSA. "Mártires". Manuel Vicent. Texto para comentario

Manuel Vicent

   En "El País":
 20 OCT 2013
Las dos Españas enfrentadas en la Guerra Civil produjeron la misma cosecha de mártires, de uno y otro bando. Desde entonces persiste una profunda cicatriz que aún supura, porque unos mártires están en el altar y otros en la cuneta; a unos los envuelve un coro de ángeles en el cielo, a otros solo les cantan los pájaros en los árboles. El olor a cera e incienso perfuma los pies de escayola de los mártires beatificados; pero los enterrados en los barrancos reciben el aroma de las plantas silvestres, la lavanda, el anís, el tomillo y el espliego. A los mártires de la Iglesia les rezan los fieles de derechas; a los asesinados del otro lado las plegarias las trae el viento que dobla los narcisos salvajes sobre su memoria. En los retablos barrocos envueltos en falso oro, las hornacinas cobijan a los religiosos que fueron vilmente asesinados; los mártires laicos, alcaldes, maestros, obreros, funcionarios y militares demócratas, que cumplieron con su deber y cayeron después de la victoria bajo los fusiles en las tapias de los cementerios solo son glorificados por el sol, que al amanecer y al final de la tarde les ofrece con el incendio de las nubes un retablo de oro puro. A simple vista parecía un acto fanático y provocativo. En medio de la crisis social y política que azota y divide a este país, la Iglesia se ha marcado el farol de beatificar a 522 religiosos asesinados en la Guerra Civil sin importarle en absoluto despertar y poner al día los viejos fantasmas de aquella gran matanza entre hermanos. Durante la ceremonia el papa Francisco mandó un mensaje aséptico, sin atreverse a tocar el hueso. Por lo visto es más fácil echar mermelada sobre los pobres, dejar de calzar las sagradas pantuflas, enfrentarse a los cocodrilos de la curia, montar en coche utilitario y mezclarse entre la multitud sin temor a un atentado que aludir, aunque solo fuera de pasada, a los mártires que generaron los crímenes del franquismo. Es imposible que un argentino no encontrara las palabras siquiera ambiguas, si no es por el miedo cerval a molestar a una derecha dura, que es tenaz con su ideología. Pero, después de todo, lo peor no es esto, sino que un día volverá al poder la izquierda y atrapada en el mismo miedo tampoco va a hacer nada para que cese de una vez esta ignominia.

lunes, 14 de octubre de 2013

PRENSA. "Palabras". Almudena Grandes. Texto para comentario

Almudena Grandes

   En "El País":
 14 OCT 2013
Las palabras no sirven para nada. Los números son más capaces de contar el horror, pero pronto servirán para medir el olvido. Es díficil escribir sobre la interminable tragedia de Lampedusa, naufragio sobre naufragio, víctimas apiladas, la dramática fragilidad de los cuerpos vivos y muertos, largas hileras de ataúdes para que los representantes de la UE presentes en el funeral posen con gesto solemne.
Las palabras no sirven para mucho, pero ellos escogieron las suyas con cuidado. Claro que eso fue antes del segundo naufragio, cuando un destino airado, implacable como un dios griego, decretó un nuevo desastre, y más muertos, más vivos casi muertos, más gestos solemnes, más ataúdes, más funerales y una realidad escindida, partida en dos mitades que se dan la espalda como las canciones en un viejo disco de vinilo. La cara A son las lágrimas de Durão Barroso. La cara B, las inhumanas condiciones de internamiento de los supervivientes. Lo notable es que ambas partituras pueden interpretarse simultáneamente.
Las palabras servían para algo cuando Adorno afirmó que escribir poesía después de Auschwitz era un acto de barbarie. Ahora no, y por eso la barbarie se expresa con palabras. La insoportable trivialidad de tantas muertes acumuladas no va a cambiar ni una coma de la legislación comunitaria. La reacción podría limitarse a subvencionar la destrucción de pateras en los países del Magreb donde se localizan los puertos de salida. Eso es todo lo que Europa da de sí. Se han pronunciado muchos discursos, pero ni una sola palabra de compasión sincera, más allá de los sobrecogedores lamentos de los habitantes de Lampedusa. Se diría que les interesa aclimatarnos a un horror sistemático, extranjero, eso sí, pequeño, exótico, lejano. Lo malo es que no sería la primera vez. Lo peor, que nunca ha sido demasiado difícil conseguirlo.

martes, 8 de octubre de 2013

PRENSA. "La elección". Rosa Montero. Texto para comentario

Rosa Montero

   En "El País":
 8 OCT 2013
“Nada de lo humano me es ajeno”, dijo el romano Terencio, y es verdad: si miramos bien dentro de nosotros ahí está todo, lo sublime y lo atroz, la capacidad para acabar convertido en un ángel o un verdugo. Y, dentro de ese casi infinito abanico de posibilidades, uno escoge. Uno siempre escoge aunque no lo sepa porque la pasividad también es una elección. Que te compromete, y te mancha como cualquier otra. Escogemos todos, pues, los individuos y las sociedades, y podemos dejarnos llevar por nuestros peores instintos, por las emociones más primarias y más bárbaras, o levantar la cabeza, aplicar la empatía y la razón, intentar ser mejores de lo que somos, mirar lo grande que es el cielo, como decía Hipatia en la bella película de Amenábar.
No son tiempos buenos. Pienso en la delirante carnicería del centro comercial de Nairobi, en la xenofobia creciente y la indiferencia ante morideros como Lampedusa, en la violencia de los matones griegos de Amanecer Dorado. Gabi Martínez cita en su libro Solo para gigantes un brutal proverbio beduino: “Yo contra mi hermano. / Yo y mi hermano contra nuestro primo. / Yo, mi hermano y nuestro primo contra los vecinos. / Todos nosotros contra el forastero”. Y en Yo soy Malala, la autobiografía de la niña paquistaní a la que los talibanes dispararon en la cabeza por querer ir a la escuela, se cuenta que, entre los pastunes, el pueblo de los talibanes y de la propia Malala, las reyertas entre familiares y vecinos son tan comunes que la palabra primo también quiere decir enemigo. Esa actitud tremenda, tribal, hostil, deshumanizadora, violenta, de considerar al otro un contrario a abatir, es un sucio y primitivo veneno que llevamos todos en la barriga. Tenemos que ser capaces de combatirlo. Y para eso hay que elegir. Por cierto: Malala eligió, y en condiciones durísimas. Todo un ejemplo.

domingo, 6 de octubre de 2013

PRENSA. EDITORIAL. "Estrategia letal". (Sobre la tragedia de Lampedusa). Texto para comentario


   En "El País":
 6 OCT 2013 
Sembrar vientos suele producir tempestades. La vergonzosa tragedia ocurrida junto a la isla de Lampedusa, en la que han perdido la vida un número de personas todavía incierto (se ha encontrado más de un centenar de cadáveres y quedan 200 desaparecidos) no es el resultado de un imprevisible accidente. Es la consecuencia, entre otras circunstancias, de la deriva xenófoba que el Gobierno de Silvio Berlusconi sustanció cuatro años atrás, con una reforma legal en Italia que convirtió en delincuente a todo inmigrante indocumentado y penalizó las conductas de los que puedan ayudarle, bien alquilándole una vivienda, bien rescatándolo del mar. Sería una vergüenza añadida que esa fuera precisamente la razón por la que hasta tres barcos avistaran la embarcación naufragada el jueves y denegaran su asistencia al medio millar de personas que huían de la pobreza y la persecución política.
Ahora resulta casi una broma macabra que el viceprimer ministro italiano y responsable de Interior, Angelino Alfano, antes estrecho colaborador de Berlusconi, sea el que reclame ayuda a una Unión Europea que, por otra parte, calló ante los excesos xenófobos del país transalpino. Esta semana, mientras Europa se conmocionaba por lo ocurrido en las costas de la pequeña isla mediterránea, la Comisión Europea y los Gobiernos exhibían, de nuevo, un sonoro silencio con respecto a las derivas xenófobas. Solo el papa Francisco fue capaz de alzar su voz indignada. Yermo el campo de dirigentes políticos de talla, un líder religioso es el que brama contra una tragedia que registra demasiados antecedentes.
La Europa fortaleza se ha rearmado en los últimos años con leyes migratorias en las que ha predominado el sesgo policial. La seguridad, primero, y la recesión económica después han sido las coartadas ideales para endurecer las normas, tanto nacionales como europeas. Hasta el Gobierno socialista francés se ha sumado a la corriente estigmatizando a los rumanos de etnia gitana. España aportó recientemente su grano de arena al negar la tarjeta sanitaria (que da acceso a la atención pública) a unos 150.000 inmigrantes que viven ilegalmente en el país.
El conjunto de la UE se ha desentendido de los problemas que genera la afluencia masiva de migrantes, salvo en lo que se refiere a las tareas de vigilancia marítima a través de Frontex —que actúa a demanda del país afectado— y los acuerdos logrados con países africanos de origen o tránsito de personas. Mientras tanto, cientos de inmigrantes, tal vez miles, en un goteo dramático, han muerto en el Mediterráneo ahogados o a causa del hambre y la insolación, sin que la afamada solidaridad europea haya hecho acto de presencia. Al igual que Nicolas Sarkozy desoyó las peticiones de ayuda italiana para dar cobijo en Francia a los tunecinos que huían del conflicto en su país, ni Roma ni Bruselas han atendido las permanentes reclamaciones de la alcaldesa de Lampedusa, Giusi Nicolini, impotente ante la permanente avalancha de africanos.

Editorial


Cada año, medio millón de personas intentan entrar ilegalmente en Europa y unos 400.000 piden asilo. La convulsión producida por la llamada primavera árabe en el norte de África dificulta que algunos de sus países mantengan a raya a las mafias que mercadean con seres humanos, ansiosos de un porvenir que su patria les niega. La profunda brecha económica entre ambas orillas del Mediterráneo es un reclamo permanente que en modo alguno puede combatirse permitiendo o legalizando los atropellos contra los derechos humanos, puestos en marcha por diferentes Gobiernos. Tal actitud contraviene los principios sobre los que se sustenta la Unión Europea. Esperar a que esta tragedia, como las que le han precedido, se borren de la memoria colectiva es una estrategia letal.

sábado, 5 de octubre de 2013

PRENSA. "Morir en Lampedusa". Samí Naïr. Texto para comentario

Samí Naïr

  En "el País":

Morir en Lampedusa

La UE tiene los medios para establecer una gran política de acogida de inmigrantes

 4 OCT 2013
Una tragedia más, pero esta sin precedentes: varios centenares de muertos tras el naufragio, el 3 de octubre, cerca de Lampedusa, de una barcaza que transportaba a unos 500 inmigrantes subsaharianos que intentaban atracar en esta pequeña isla europea, cerca de Sicilia. Una tragedia que es también, como ha subrayado el Papa Francisco en varias ocasiones en referencia a los acontecimientos: "una vergüenza".
Justamente, el Papa aparece hoy como el último defensor de estas decenas de miles de condenados de la tierra, que huyen del hambre y las guerras civiles, y que, estafados por los contrabandistas clandestinos y las mafias del éxodo, no encuentran al término de su recorrido más que la cárcel, los campos de internamiento, las expulsiones brutales y, cuando logran pasar entre las estrechas mallas de las redes de acero construidas por los países de "acogida", desembocan en la miseria de la clandestinidad y de la vida sin derechos.
Estos últimos años, con la crisis en Europa, los inmigrantes, sus condiciones de vida, sus penas y sus sufrimientos, todo ha sido ocultado y, en los países que han sufrido lo peor de esta crisis, como Grecia, han surgido partidos abiertamente racistas que les hacen caza a la luz del día. El nacionalismo xenófobo se ha convertido en mercancía en Europa, pero los lejanos subsaharianos, los egipcios, los sirios, albaneses, romaníes, y muchos más, siguen afluyendo, como si el paraíso europeo tuviera también la virtud de esconder su cara infernal, como si, además, la esperanza de otra vida fuese más fuerte que la otra cara de la vida: la muerte.
Lampedusa constituye un giro. La conciencia humana no puede permanecer indiferente ante tal tragedia: hay que decirlo, recordarlo, nunca olvidar el grito de dolor a la cabecera de esas mujeres embarazadas y de esos niños ahogados y ocultos en bolsas de plástico. La solución de estas migraciones de la desesperación no reside fundamentalmente en políticas represivas ni de contención. Es Europa al completo la que se enfrenta a estos dramas y solo una estrategia europea común puede hacerles cara. Los ministros del Interior europeos que deben reunirse en Luxemburgo el 23 de octubre, precisamente para contestar a la cuestión de la afluencia de emigrados de los Balcanes, se ven, sin embargo, tentados de caer en la trampa de una restricción de visados y del endurecimiento de la política de acogida. Tal evolución no hará más que confortar la inmigración clandestina y reforzar el rol de las mafias.
Ciertamente es indispensable regular estos flujos, pero ello no se puede hacer en detrimento de un tratamiento humano de la cuestión migratoria. Hay que tratar la petición migratoria lo antes posible en las zonas en conflicto, en los países vecinos e, igualmente, aceptar recibir a una parte de esta población en los países europeos.
La Unión Europea tiene los medios para establecer una gran política de acogida, con la condición de que todos los países que la componen acepten tener la misma estrategia y no la que se practica hoy en día, y que sirve para trasladar al vecino la carga de la acogida. La política de asilo debe humanizarse; es indispensable volver a evaluar las decisiones que han sido tomadas estos últimos años y que están destinadas todas ellas a acabar con el derecho de asilo.
En algunos países europeos ricos se han puesto en marcha estos últimos años restricciones enormes a la concesión del título de refugiado. Es ahí donde radican la "vergüenza" y esta "globalización de la indiferencia" de la que habla el Papa Francisco. Esto no atañe a tal o cual ministro del Interior europeo, es la ausencia de visión europea, de reflexión común, que falla de forma cruel, sobre lo que hay que trabajar.
Este fenómeno de fuga de poblaciones no es un problema técnico que una u otra medida policial podría resolver; es un problema político y solo una estrategia de solidaridad política de los países europeos, como la responsabilización de los países de tránsito, puede hacerle frente. Los muertos de Lampedusa deberían apelar a la buena conciencia occidental, tan fácil de conmover en cuanto a la defensa de derechos del hombre en 'casa' de los demás, que debería mirarse a la cara una vez más en su propia casa y aportar solidaridad, compasión y una humanidad elemental a esas mujeres, a esos niños, a esos hombres que corren al encuentro de la tragedia para huir de su destino infernal.

domingo, 29 de septiembre de 2013

PRENSA. "Democracia de calidad". Texto para comentario


   En "El País":
 29 SEP 2013
Cualquier intento de deslegitimar el resultado de las elecciones es incompatible con la democracia representativa. Pero la democracia no puede vivir reducida a la aplicación aritmética de una mayoría. Esta semana toda la oposición ha vuelto a denunciar el bloqueo del PP a iniciativas que no le gustan sobre el caso Bárcenas, penoso corolario de un Parlamento convertido en un espectáculo de vetos y del consiguiente ejercicio del derecho al pataleo. Mal clima para intentar el pacto de “regeneración democrática” sugerido desde el Gobierno o para buscar soluciones de consenso al problema planteado por el independentismo en Cataluña, convertido en el desafío político de mayor envergadura.
La crispación de la vida pública contrasta con la corrección observada por los líderes de los partidos alemanes en su comparecencia conjunta ante las cámaras de televisión, un par de horas después de cerrados los colegios electorales en su país, hace una semana. Por no recordar la inmediatez con que un responsable político dimite en otras democracias, no solo por indicios de la supuesta comisión de un delito, sino por faltas de ética, como el plagio de un trabajo académico.

Editorial

No hay ninguna maldición que impida a España comportarse de modo similar a sus vecinos europeos. Lo que lo hace muy difícil es el estado de bronca política continua. Si no puede lograrse de la noche a la mañana la madurez del sistema parlamentario, al menos hay que impedir su reducción a la inutilidad. Eso requiere una flexibilidad mayor en la gestión de la mayoría absoluta, neutralidad por parte de la presidencia del Congreso y que la oposición mejore los esfuerzos para explicarse. En el debate y en los argumentos es donde ha de juzgarse la calidad de las propuestas y la seriedad de los actores políticos. Tampoco es admisible la exigencia de una disciplina de hierro a los parlamentarios, que no son soldados de un ejército, sino representantes de los ciudadanos. Hay que ir a los fundamentos de la democracia, a la transparencia y la responsabilidad, con mecanismos inscritos en normas que no precisen de reformas grandilocuentes, sino de hacer de la rendición de cuentas el principio rector de la tarea representativa.
Muchos expertos diagnostican la necesidad de abordar una reforma constitucional de amplio calado, que abarque desde el modelo territorial del Estado a las vigas maestras del sistema electoral. Pero abordar esa tarea resulta inimaginable sin contener los estériles partidismos que caracterizan el día a día de la política. Tampoco ayuda en nada que una institución tan sensible como el Tribunal Constitucional avale casi sin pestañear la falta de neutralidad política de su presidente.
El deterioro de la confianza de los ciudadanos en el sistema político es grave, como ponen de relieve múltiples encuestas, y puede ser irreversible si el Parlamento —del que emanan la mayoría de las instituciones del Estado— persiste en no saber ganarse el respeto.

PRENSA. Editorial para comentar


   En "El País":
 29 SEP 2013
La crisis económica ha desplazado de la agenda política otros asuntos graves, entre ellos el cambio climático, pero no por ello han desaparecido. Al contrario. El panel intergubernamental creado por Naciones Unidas para el estudio del calentamiento global, integrado por 831 científicos de 85 países, ha emitido un nuevo informe que no solo confirma los vaticinios del de 2007, sino que advierte de que algunos fenómenos se están acelerando. La masa de hielo de Groenlandia y del Antártico se derrite en mayor proporción y más rápidamente de lo esperado, lo que obliga a revisar las estimaciones de aumento del nivel de mar. El nuevo informe calcula que subirá entre 26 y 82 centímetros a lo largo de este siglo.
Los trabajos realizados en estos seis años han permitido precisar con mayor exactitud muchos datos, por ejemplo los del calentamiento de la capa superior de los océanos, y reforzar el nivel de certeza (del 90% al 95%) sobre la responsabilidad de la actividad humana en el cambio climático, causado por el uso de combustibles fósiles en la industria y el transporte. La concentración de CO2 en la atmósfera ha crecido desde 1880, coincidiendo con la industrialización, un 40% y ha provocado un aumento de la temperatura media del planeta de 0,85 grados. Pero esto es solo el comienzo. De no adoptarse medidas, la temperatura puede llegar a subir hasta 4,8 grados de aquí a final de siglo.
Una de las manifestaciones del cambio climático es la exacerbación de las manifestaciones climáticas extremas. Por su situación, España es uno de los lugares que más puede sufrir sus consecuencias. La temperatura media ha subido 1,5 grados en los últimos 30 años, casi el doble que la media mundial. Y sin embargo, la política económica adoptada por el Gobierno va en dirección opuesta a la que recomienda el panel intergubernamental, que aconseja apostar con decisión por las energías renovables.
Los detalles se darán a conocer más adelante, pero los científicos del panel, reunidos en Estocolmo, han elaborado un primer informe dirigido a los líderes políticos del mundo con una advertencia: si no se reducen drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero, las consecuencias serán devastadoras, incluso en el menos malo de los escenarios. La lucha contra la crisis no es incompatible con la lucha contra el cambio climático. Al contrario. Deberíamos aprovechar la oportunidad para avanzar hacia un modelo industrial basado en las energías limpias.