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domingo, 20 de octubre de 2013

POESÍA. Antología poética de Federico García Lorca

Federico García Lorca

   Del libro Canciones

CANCIÓN DE JINETE
En la luna negra 
de los bandoleros, 
cantan las espuelas. 

Caballito negro. 
¿Dónde llevas tu jinete muerto? 

...Las duras espuelas 
del bandido inmóvil 
que perdió las riendas. 

Caballito frío. 
¡Qué perfume de flor de cuchillo! 

En la luna negra, 
sangraba el costado 
de Sierra Morena. 

Caballito negro. 
¿Dónde llevas tu jinete muerto? 

La noche espolea 
sus negros ijares 
clavándose estrellas. 

Caballito frío. 
¡Qué perfume de flor de cuchillo! 

En la luna negra, 
¡un grito! y el cuerno 
largo de la hoguera. 

Caballito negro. 
¿Dónde llevas tu jinete muerto?

CANCIÓN DE JINETE
Córdoba.
Lejana y sola.

Jaca negra, luna grande,
y aceitunas en mi alforja.
Aunque sepa los caminos,
yo nunca llegaré a Córdoba.
Por el llano, por el viento,
jaca negra, luna roja.
La muerte me está mirando
desde las torres de Córdoba.

¡Ay qué camino tan largo!
¡Ay mi jaca valerosa!
¡Ay que la muerte me espera,
antes de llegar a Córdoba!

Córdoba.
Lejana y sola.

     Del Romancero gitano

Romance de la luna luna

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño
tiene los ojos cerrados.
Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

Cómo canta la zumaya,
¡ay, cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.


Romance de la pena negra

Las piquetas de los gallos 
cavan buscando la aurora, 
cuando por el monte oscuro 
baja Soledad Montoya. 
Cobre amarillo, su carne, 
huele a caballo y a sombra. 
Yunques ahumados sus pechos, 
gimen canciones redondas. 
Soledad, ¿por quién preguntas 
sin compaña y a estas horas? 
Pregunte por quien pregunte, 
dime: ¿a ti qué se te importa? 
Vengo a buscar lo que busco, 
mi alegría y mi persona. 
Soledad de mis pesares, 
caballo que se desboca, 
al fin encuentra la mar 
y se lo tragan las olas. 
No me recuerdes el mar, 
que la pena negra brota 
en las tierras de aceituna 
bajo el rumor de las hojas. 
¡Soledad, qué pena tienes! 
¡Qué pena tan lastimosa! 
Lloras zumo de limón 
agrio de espera y de boca. 
¡Qué pena tan grande! Corro 
mi casa como una loca, 
mis dos trenzas por el suelo, 
de la cocina a la alcoba. 
¡Qué pena! Me estoy poniendo 
de azabache carne y ropa. 
¡Ay, mis camisas de hilo! 
¡Ay, mis muslos de amapola! 
Soledad: lava tu cuerpo 
con agua de las alondras, 
y deja tu corazón 
en paz, Soledad Montoya. 

                     * 

Por abajo canta el río: 
volante de cielo y hojas. 
Con flores de calabaza, 
la nueva luz se corona. 
¡Oh pena de los gitanos! 
Pena limpia y siempre sola. 
¡Oh pena de cauce oculto 
y madrugada remota!


De Poema del cante jondo


La guitarra
Empieza el llanto
de la guitarra.
Se rompen las copas
de la madrugada.
Empieza el llanto
de la guitarra.
Es inútil
callarla.
Es imposible
callarla.
Llora monótona
como llora el agua,
como llora el viento
sobre la nevada.
Es imposible
callarla.
Llora por cosas
lejanas.
Arena del Sur caliente
que pide camelias blancas.
Llora flecha sin blanco,
la tarde sin mañana,
y el primer pájaro muerto
sobre la rama.
¡Oh, guitarra!
Corazón malherido
por cinco espadas.

Sorpresa

Muerto se quedó en la calle 
con un puñal en el pecho. 
No lo conocía nadie. 

¡Cómo temblaba el farol! 
Madre. 
¡Cómo temblaba el farolito 
de la calle! 

Era madrugada. Nadie 
pudo asomarse a sus ojos 
abiertos al duro aire. 

Que muerto se quedó en la calle 
que con un puñal en el pecho 
y que no lo conocía nadie.


De Poeta en Nueva York

La aurora

La aurora de Nueva York tiene 
cuatro columnas de cieno
 
y un huracán de negras palomas
que chapotean las aguas podridas.

La aurora de Nueva York gime
 
por las inmensas escaleras
 
buscando entre las aristas
 
nardos de angustia dibujada.
 

La aurora llega y nadie la recibe en su boca
 
porque allí no hay mañana ni esperanza posible.
 
A veces las monedas en enjambres furiosos
 
taladran y devoran abandonados niños.
 

Los primeros que salen comprenden con sus huesos
 
que no habrá paraísos ni amores deshojados;
 
saben que van al cieno de números y leyes,
 
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.
 

La luz es sepultada por cadenas y ruidos
 
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
 
Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre.
 


New York
Oficina y denuncia


Debajo de las multiplicaciones 
hay una gota de sangre de pato.
 
Debajo de las divisiones
 
hay una gota de sangre de marinero.
Debajo de las sumas, un río de sangre tierna.
Un río que viene cantando
 
por los dormitorios de los arrabales,
y es plata, cemento o brisa
 
en el alba mentida de New York.
Existen las montañas, lo sé.
 
Y los anteojos para la sabiduría,
 
Lo sé. Pero yo no he venido a ver el cielo.
Yo he venido para ver la turbia sangre,
 
la sangre que lleva las máquinas a las cataratas
y el espíritu a la lengua de la cobra.
 
Todos los días se matan en New York
 
cuatro millones de patos,
 
cinco millones de cerdos,
 
dos mil palomas para el gusto de los agonizantes,
un millón de vacas,
 
un millón de corderos
 
y dos millones de gallos
 
que dejan los cielos hechos añicos.
Más vale sollozar afilando la navaja
 
o asesinar a los perros
 
en las alucinantes cacerías
que resistir en la madrugada
 
los interminables trenes de leche,
 
los interminables trenes de sangre,
 
y los trenes de rosas maniatadas
 
por los comerciantes de perfumes.
 
Los patos y las palomas
 
y los cerdos y los corderos
 
ponen sus gotas de sangre
 
debajo de las multiplicaciones,
y los terribles alaridos de las vacas estrujadas
llenan de dolor el valle
 
donde el Hudson se emborracha con aceite.
Yo denuncio a toda la gente
 
que ignora la otra mitad,
 
la mitad irredimible
 
que levanta sus montes de cemento
donde laten los corazones
 
de los animalitos que se olvidan
y donde caeremos todos
 
en la última fiesta de los taladros.
Os escupo en la cara.
 
La otra mitad me escucha
 
devorando, orinando, volando en su pureza
como los niños en las porterías
 
que llevan frágiles palitos
 
a los huecos donde se oxidan
 
las antenas de los insectos.
 
No es el infierno, es la calle.
 
No es la muerte, es la tienda de frutas.
Hay un mundo de ríos quebrados
 
y distancias inasibles
en la patita de ese gato
 
quebrada por el automóvil,
y yo oigo el canto de la lombriz
en el corazón de muchas niñas.
 
Óxido, fermento, tierra estremecida.
 
Tierra tú mismo que nadas
 
por los números de la oficina.
¿Qué voy a hacer?, ¿ordenar los paisajes?
¿Ordenar los amores que luego son fotografías,
que luego son pedazos de madera
 y bocanadas de sangre?
No, no; yo denuncio.
Yo denuncio la conjura
 
de estas desiertas oficinas
 
que no radian las agonías,
 
que borran los programas de la selva,
y me ofrezco a ser comido
por las vacas estrujadas
cuando sus gritos llenan el valle
donde el Hudson se emborracha con aceite.


Del Llanto por Ignacio Sánchez Mejías

LA SANGRE DERRAMADA (2)

¡Que no quiero verla!

Dile a la luna que venga,
que no quiero ver la sangre
de Ignacio sobre la arena.

¡Que no quiero verla!

La luna de par en par,
caballo de nubes quietas,
y la plaza gris del sueño
con sauces en las barreras

¡Que no quiero verla!

Que mi recuerdo se quema.
¡Avisad a los jazmines
con su blancura pequeña!

¡Que no quiero verla!

La vaca del viejo mundo
pasaba su triste lengua
sobre un hocico de sangres
derramadas en la arena,
y los toros de Guisando,
casi muerte y casi piedra,
mugieron como dos siglos
hartos de pisar la tierra.

No.

¡Que no quiero verla!

Por las gradas sube Ignacio
con toda su muerte a cuestas.
Buscaba el amanecer,
y el amanecer no era.
Busca su perfil seguro,
y el sueño lo desorienta.
Buscaba su hermoso cuerpo
y encontró su sangre abierta.
¡No me digáis que la vea!
No quiero sentir el chorro
cada vez con menos fuerza;
ese chorro que ilumina
los tendidos y se vuelca
sobre la pana y el cuero
de muchedumbre sedienta.
¡Quién me grita que me asome!
¡No me digáis que la vea!

No se cerraron sus ojos
cuando vio los cuernos cerca,
pero las madres terribles
levantaron la cabeza.
Y a través de las ganaderías,
hubo un aire de voces secretas
que gritaban a toros celestes,
mayorales de pálida niebla.
No hubo príncipe en Sevilla
que comparársele pueda,
ni espada como su espada,
ni corazón tan de veras.
Como un río de leones
su maravillosa fuerza,
y como un torso de mármol
su dibujada prudencia.
Aire de Roma andaluza
le doraba la cabeza
donde su risa era un nardo
de sal y de inteligencia.
¡Qué gran torero en la plaza!
¡Qué gran serrano en la sierra!
¡Qué blando con las espigas!
¡Qué duro con las espuelas!
¡Qué tierno con el rocío!
¡Qué deslumbrante en la feria!
¡Qué tremendo con las últimas
banderillas de tiniebla!

Pero ya duerme sin fin.
Ya los musgos y la hierba
abren con dedos seguros
la flor de su calavera.
Y su sangre ya viene cantando:
cantando por marismas y praderas,
resbalando por cuernos ateridos
vacilando sin alma por la niebla,
tropezando con miles de pezuñas
como una larga, oscura, triste lengua,
para formar un charco de agonía
junto al Guadalquivir de las estrellas.
¡Oh blanco muro de España!
¡Oh negro toro de pena!
¡Oh sangre dura de Ignacio!
¡Oh ruiseñor de sus venas!
No.

¡Que no quiero verla!

Que no hay cáliz que la contenga,
que no hay golondrinas que se la beban,
no hay escarcha de luz que la enfríe,
no hay canto ni diluvio de azucenas,
no hay cristal que la cubra de plata.
No.

¡Yo no quiero verla!


CUERPO PRESENTE (3)

La piedra es una frente donde los sueños gimen
sin tener agua curva ni cipreses helados.
La piedra es una espalda para llevar al tiempo
con árboles de lágrimas y cintas y planetas.

Yo he visto lluvias grises correr hacia las olas
levantando sus tiernos brazos acribillados,
para no ser cazadas por la piedra tendida
que desata sus miembros sin empapar la sangre.

Porque la piedra coge simientes y nublados,
esqueletos de alondras y lobos de penumbra;
pero no da sonidos, ni cristales, ni fuego,
sino plazas y plazas y otras plazas sin muros.

Ya está sobre la piedra Ignacio el bien nacido.
Ya se acabó; ¿qué pasa? Contemplad su figura:
la muerte le ha cubierto de pálidos azufres
y le ha puesto cabeza de oscuro minotauro.

Ya se acabó. La lluvia penetra por su boca.
El aire como loco deja su pecho hundido,
y el Amor, empapado con lágrimas de nieve
se calienta en la cumbre de las ganaderías.

¿Qué dicen? Un silencio con hedores reposa.
Estamos con un cuerpo presente que se esfuma,
con una forma clara que tuvo ruiseñores
y la vemos llenarse de agujeros sin fondo.

¿Quién arruga el sudario? ¡No es verdad lo que dice!
Aquí no canta nadie, ni llora en el rincón,
ni pica las espuelas, ni espanta la serpiente:
aquí no quiero más que los ojos redondos
para ver ese cuerpo sin posible descanso.

Yo quiero ver aquí los hombres de voz dura.
Los que doman caballos y dominan los ríos;
los hombres que les suena el esqueleto y cantan
con una boca llena de sol y pedernales.

Aquí quiero yo verlos. Delante de la piedra.
Delante de este cuerpo con las riendas quebradas.
Yo quiero que me enseñen dónde está la salida
para este capitán atado por la muerte.

Yo quiero que me enseñen un llanto como un río
que tenga dulces nieblas y profundas orillas,
para llevar el cuerpo de Ignacio y que se pierda
sin escuchar el doble resuello de los toros.

Que se pierda en la plaza redonda de la luna
que finge cuando niña doliente res inmóvil;
que se pierda en la noche sin canto de los peces
y en la maleza blanca del humo congelado.

No quiero que le tapen la cara con pañuelos
para que se acostumbre con la muerte que lleva.
Vete, Ignacio: No sientas el caliente bramido.
Duerme, vuela, reposa: ¡También se muere el mar!



De Diván del Tamarit

Gacela del amor desesperado

La noche no quiere venir 
para que tú no vengas,
 
ni yo pueda ir.
 

Pero yo iré,
 
aunque un sol de alacranes me coma la sien.
 

Pero tú vendrás
 
con la lengua quemada por la lluvia de sal.
 

El día no quiere venir
 
para que tú no vengas,
 
ni yo pueda ir.
 

Pero yo iré
 
entregando a los sapos mi mordido clavel.
 

Pero tú vendrás
 
por las turbias cloacas de la oscuridad.
 

Ni la noche ni el día quieren venir
 
para que por ti muera
 
y tú mueras por mí.
 


Gacela de la raíz amarga

Hay una raíz amarga 
y un mundo de mil terrazas.
 

Ni la mano más pequeña
 
quiebra la puerta del agua.
 

¿Dónde vas, adónde, dónde?
 
Hay un cielo de mil ventanas
 
-batalla de abejas lívidas-
 
y hay una raíz amarga.
 

Amarga.
 

Duele en la planta del pie
 
el interior de la cara,
 
y duele en el tronco fresco
 
de noche recién cortada.
 

¡Amor, enemigo mío,
 
muerde tu raíz amarga!
 


De Sonetos del amor oscuro

Soneto de la carta
Amor de mis entrañas, viva muerte,
en vano espero tu palabra escrita
y pienso, con la flor que se marchita,
que si vivo sin mi quiero perderte. 


El aire es inmortal, la piedra inerte
ni conoce la sombra ni la evita.
Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte. 


Pero yo te sufrí, rasgué mis venas,
tigre y paloma sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas. 


Llena, pues, de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura.

domingo, 10 de junio de 2012

POESÍA. LÍRICA ANTERIOR AL 39. Breve información sobre algunos poetas del 27


FEDERICO GARCÍA LORCA (1898 -1936)

Nació en Fuentevaqueros (Granada) y estudió Derecho y Filosofía y Letras. En Madrid, se alojó en la Residencia de Estudiantes, donde entró en contacto con los intelectuales más importantes de nuestro país. Además de poeta, se dedicó a la música y a la pintura. Durante su vida, caracterizada por el triunfo, cultivó con igual éxito la poesía y el teatro. De hecho, hoy en día puede ser considerado uno de los autores fundamentales de nuestra historia literaria. Murió fusilado cerca de Granada a causa de su apoyo a la República.
Dejando aparte la obra dramática de Lorca, su obra poética presenta las siguientes etapas
PRIMERA ETAPA: "Libro de poemas" (evocaciones de la infancia como paraíso perdido), "Canciones" y "Poema del cante jondo" se encuadran dentro de la poesía neopopular (romances, canciones, estructuras paralelísticas), con influencias también del modernismo (versos dodecasílabos y alejandrinos...). "Romancero Gitano" es una obra dominada por la frustración y el destino trágico, el alma de Andalucía, pero también una visión mítica de la vida humana. Destacan las metáforas y adjetivación sensoriales.
SEGUNDA ETAPA: "Poeta en Nueva York" refleja con técnica surrealista la experiencia de su viaje a Nueva York en 1929: imágenes irracionales, enumeraciones caóticas..., que reflejan una civilización materialista y una crítica a la deshumanización, la pobreza, la insolidaridad de las grandes aglomeraciones urbanas.
"Llanto por Ignacio Sánchez Mejíías" es una elegía de más de doscientos versos dedicada al torero y amigo, muerto en la plaza de Manzanares. Destacan las doloridas imágenes irracionales, las personificaciones y sinestesias.
Otras obras son "Diván del Tamarit" (poemas de un lirismo intimista y atormentado en los que utiliza los moldes de la poesía árabe clásica llamados gacelas y casidas), "Seis poemas galegos" y "Sonetos el amor oscuro" (amor oscuro = ímpetu ciego del amor; está presente no sólo el amor de los sentimientos y del corazón, sino el amor de la carne).

LUIS CERNUDA (1902-1963)

 CERNUDA es el más becqueriano, romántico, sentimental y apasionado de la generación del 27. Sus obras principales son “Placeres prohibidos” y “Donde habite el olvido”.
En “Placeres prohibidos” (1931) se nota el influjo del surrealismo en las imágenes oníricas;  expresa sus problemas íntimos, derivados de su condición de homosexual, y su ansia de amor sin trabas. “Donde habite el olvido” (1934) (expresión tomada de un verso de BÉCQUER)  presenta una poesía intimista y austera, con escasa adjetivación y en busca de la naturalidad; expresa su desolación ante el desfase entre sus anhelos y la realidad. 
En 1936 reúne toda su poesía bajo el título: “La realidad y el deseo”, palabras que recogen el conflicto central de su vida, el anhelo de realización personal y libertad amorosa frente a las limitaciones impuestas por el entorno social. Esta obra fue objeto de varias ediciones,  en las que va incorporando su producción del exilio:  “Las nubes“ (aborda el problema de España y la guerra desde la distancia del exilio), “Vivir sin estar viviendo”  y “Con las horas contadas” (obra de nostalgia, de recuerdos, regida por la obsesión por el paso del tiempo) y “Desolación de la quimera” la última, ya póstuma, en 1962, que incorpora uno de sus poemas más famosos, el “Díptico español”.
TEMAS: la pasión amorosa, la soledad, el hastío, la añoranza de un mundo más habitable, la exaltación de la belleza. Y, ya en la madurez, la nostalgia y el recuerdo de España, reflexión sobre el paso del tiempo, la vejez y la muerte, y una visión más contemplativa del amor.

RAFAEL ALBERTI (1902-1999)

Desde un punto de vista cronológico, en la poesía de Alberti, se aprecian las siguientes etapas: 
a) Comienzos neopopularistas:  En “Marinero en tierra”, recuerda el paraíso perdido de su infancia en Cádiz. Formalmente está inspirado en la poesía tradicional: estructuras paralelísticas, estribillos, anáforas, repeticiones, octosílabos, a veces mezclados con versos más cortos.
b) Barroquismo y vanguardia. En “Cal y canto” trata temas del mundo moderno: un billete de tranvía, un portero de fútbol. El lenguaje es muy elaborado y los poemas resultan difíciles.
c) Surrealismo. En “Sobre los ángeles”, reflejo de una crisis personal experimentada hacia 1929, el poeta expulsado del Paraíso, vaga sin esperanzas por un mundo sin sentido, acosado por “ángeles malos o buenos” que representan sus obsesiones. La versificación es variada, desde versos cortos hasta largos versículos.
d) Poesía comprometida. Durante la República escribió poesía comprometida o de tipo social (“Poeta en la calle”)
e) En su exilio, se mantiene viva la preocupación social, también  está presente en muchos de sus poemas la nostalgia (“Retornos de lo vivo lejano” y“Baladas y canciones del Paraná”).

VICENTE ALEIXANDRE (1898 1984)

ESTILO: Hasta los años treinta se mueve en la órbita vanguardista: poesía pura, surrealismo. A partir de invocaciones (1934), sus versos tienden hacia la meditación , a la sobriedad, y buscan la naturalidad expresiva, el tono coloquial.
Distinguiremos en su obra tres etapas:
Poesía anterior a la Guerra Civil:
Formalmente, utiliza el verso libre y es una etapa está muy influenciada por surrealismo. Dos títulos fundamentales: "Espadas como labios" y "La destrucción o el amor". En "Espadas como labios" el tema central es el amor como fuerza destructora; la pasión amorosa se identifica con la pasión hacia la tierra; el sentimiento amoroso permite al hombre integrarse en el cosmos, al que pertenece. Los versos de "La destrucción o el amor" presentan continuidad con los del libro anterior. Expresa con un tono frecuentemente pesimista el ansia del poeta de fusión con la naturaleza; el ser humano se siente parte de la naturaleza y ansia su fusión con ella (materialismo místico), fusión de la que el amor (la pasión amorosa) es como un simulacro, porque el logro de esta unión sólo se producirá con la destrucción de la muerte, una destrucción vital porque nos permite trascender la realidad puramente individual.
Poesía de las Primeras épocas de posguerra:
"Sombra del Paraíso",(1944) escrita tras la Guerra Civil, supuso para la poesía española el resurgimiento del surrealismo de preguerra. Evoca desde la angustia presente (la cruda posguerra) el paraíso anterior a la aparición del hombre en la Tierra, el edén bíblico, el mundo de los sueños infantiles, pero también el mundo incontaminado. "Historia del corazón"(1954) supone una rehumanización de su poesía. El poeta se reconoce en los demás y el ser humano pasa al primer plano desplazando a la naturaleza. Son ahora claves conceptos como solidaridad, lucha, esfuerzo, colectividad.
Poesía de senectud:
En "Poemas de consumación" (1968), predomina la reflexión y la meditación; el poeta aborda el tema del fin de la vida, que siente próximo; concibe la muerte como una integración con el cosmos ("bajo la tierra respiraré la tierra"). Ante el hecho de la muerte, no hay angustia, ni sentido religioso, sino simple aceptación de la misma.

viernes, 23 de diciembre de 2011

TEATRO. Trabajo de navidades. TEATRO: "Bodas de sangre", de García Lorca


   Para tema, organización de ideas, resumen y comentario crítico.

Madre: Esa es mi ilusión: los nietos. (Se sientan.)Padre: Yo quiero que tengan muchos. Esta tierra necesita brazos que no sean pagados. Hay que sostener una batalla con las malas hierbas, con los cardos, con los pedruscos que salen no se sabe dónde. Y estos brazos tienen que ser de los dueños, que castiguen y que dominen, que hagan brotar las simientes. Se necesitan muchos hijos.
Madre: ¡Y alguna hija! ¡Los varones son del viento! Tienen por fuerza que manejar armas. Las niñas no salen jamás a la calle.
Padre: (Alegre) Yo creo que tendrán de todo.
Madre: Mi hijo la cubrirá bien. Es de buena simiente. Su padre pudo haber tenido conmigo muchos hijos.
Padre: Lo que yo quisiera es que esto fuera cosa de un día. Que en seguida tuvieran dos o tres hombres.
Madre: Pero no es así. Se tarda mucho. Por eso es tan terrible ver la sangre de una derramada por el suelo. Una fuente que corre un minuto y a nosotros nos ha costado años. Cuando yo llegué a ver a mi hijo, estaba tumbado en mitad de la calle. Me mojé las manos de sangre y me las lamí con la lengua. Porque era mía. Tú no sabes lo que es eso. En una custodia de cristal y topacios pondría yo la tierra empapada por ella.
Padre: Ahora tienes que esperar. Mi hija es ancha y tu hijo es fuerte.
Madre: Así espero. (Se levantan.)

ACTO II. CUADRO II

lunes, 16 de mayo de 2011

PRENSA. TEATRO. Reportaje sobre "Bodas de sangre", de García Lorca







Fotografías de Castro Prieto ("El País Semanal")
   En "El País Semanal":
Pasión lorquiana que nunca muere

MARCOS ORDÓÑEZ 15/05/2011

   Sangre que reverdece. Tragedia de los instintos siempre vigente. El universo de Lorca, lleno de imágenes que en el mundo se han convertido en símbolo de lo español, sigue inspirando a los artistas. Como el nuevo libro de Castro Prieto, uno de los fotógrafos con mirada más original.

   En julio de 1928, hojeando el diario 'Abc' en la Residencia de Estudiantes, Lorca se topa con la noticia del fatal desenlace de una boda que iba a celebrarse en el cortijo del Fraile, en Níjar (Almería): en vísperas de la ceremonia, la novia, Francisca Cañada Morales, había sido secuestrada por un antiguo amante, que fue asesinado luego por el hermano del novio. Poco más tarde, el 'Heraldo de Madrid' se hace eco de la reyerta, publicando durante seis días consecutivos una serie de reportajes sobre el crimen y la investigación judicial. El asunto llama también la atención de la periodista y escritora Carmen de Burgos, Colombine, amante de Gómez de la Serna, que narra la historia en una novela corta, Puñal de claveles, publicada en noviembre de 1931. La aparición del relato reaviva el interés de Lorca, pues un año más tarde comienza a escribir durante el verano, en la casa familiar de la Huerta de San Vicente, en Granada, el texto de Bodas de sangre, que subtitula "tragedia en tres actos y siete cuadros". Parte, como Carmen de Burgos, de una intención documental, pero pronto se le convierte la pieza en un abanico de tonos y estilos, donde mezcla prosa realista y verso lírico para de repente (el portentoso pasaje de la Luna y la Muerte) virar hacia lo fantástico. Es "una canción de jinete dramatizada", como dijo Ricardo Domènech, y posiblemente su pieza dramática más cercana a una partitura musical. De entrada es la que más canciones integra en la trama: la hermosísima nana "del caballo grande / que no quiso el agua", los cantos de boda ("Despierte la novia" y "Al salir de tu casa / para la iglesia"), la canción de la criada ("Giraba, giraba la rueda"), el coro de leñadores, la canción de la madeja roja que cantan las muchachas y el oratorio final. La hispanista María Delgado señala que la estructura del texto sigue la pauta rítmica (siete movimientos rematados por una chorale) de la cantata de Bach Wachet auf, ruft uns die Stimme, que Lorca escuchaba una y otra vez durante el mes de agosto de 1932, mientras reescribía no menos obsesivamente. Bodas de sangre (que, como la novela de García Márquez, podía haberse titulado Crónica de una muerte anunciada) es la tragedia del instinto: "Vale más ser muerto desangrado que vivir con la sangre podrida", dice uno de los leñadores. Lorca había proclamado en una entrevista algo semejante: "Aprender a vivir estriba en respetar los propios instintos".
   En septiembre lee la tragedia en casa de su amigo Carlos Morla Lynch. A finales de octubre comienzan los ensayos en el madrileño teatro 'Beatriz', con la compañía de Josefina Díaz de Artigas y Manuel Collado, que, curiosamente, estaban especializados en comedias de los Quintero. El propio Lorca dirige la obra, "orquestando el ritmo del conjunto", escribe Ian Gibson, "como si se tratara de una partitura". Josefina Díaz interpreta a la Novia; Manuel Collado, a Leonardo, y Josefina Tàpies, a la Madre. La joven Amelia de la Torre interpreta a la Muerte, "una Muerte joven y bella", como pedía Lorca. Los decorados "modernistas" y el vestuario corren a cargo de Santiago Ontañón y Manuel Fontanals.
   'Bodas de sangre' se estrena el 8 de marzo de 1932. "Al estreno", cuenta Gibson, "acudió la plana mayor de los intelectuales, escritores y artistas de Madrid, y una nutrida representación de la clase política y la alta sociedad capitalina. No quedaba una sola butaca libre en todo el teatro. Allí estaban Benavente, Unamuno y Fernando de los Ríos. Junto a los estudiantes de 'La Barraca' se sentaron Cernuda, Guillén, Salinas y Altolaguirre: la generación del 27 casi al completo". Al día siguiente, las reseñas fueron casi unánimemente favorables. Se dieron 38 representaciones, porque el 8 de abril Díaz de Artigas tenía que poner fin a su temporada en el 'Beatriz'. El 31 de mayo llevaron la función a Barcelona, con idéntico éxito.
   En otoño del 33, Lorca desembarca en Buenos Aires para asistir al clamoroso éxito que allí obtiene también Bodas de sangre, estrenada el 29 de julio por la compañía de Lola Membrives en el teatro Maipo, donde ha alcanzado las cien representaciones. El 25 de octubre, la Membrives, en el rol de la Madre, repone la tragedia en el enorme teatro 'Avenida', lleno hasta la bandera de un público que aclama a Lorca puesto en pie y le tributa una ovación de cinco minutos. Escribe Gibson: "Esa será la noche más triunfal en la vida de Lorca". En febrero de 1935, Lola Membrives trae a España el montaje argentino y lo representa durante un mes en el 'Coliseum' madrileño. Por esas mismas fechas, Bodas de sangre se estrena en el 'Neighborhood Playhouse' de Nueva York, dirigida por Irene Lewishon, bajo el título de Bitter oleander ("Adelfa amarga"), con Nance O'Neil como la Madre y Eugenie Leontovich como la Novia. Según la crítica, fue una puesta muy afectada, más cercana al ballet que al drama.
   El 22 de noviembre, Margarita Xirgu protagoniza una nueva producción en el 'Principal Palacio' de Barcelona, a las órdenes de Cipriano Rivas Cherif y con escenografía de José Caballero. El propio Lorca interpreta al piano la nana del caballo. A punto de acabar el año, Bodas de sangre se edita en Madrid, hecho reseñable porque es la única obra teatral de Lorca publicada en formato de libro en vida del poeta. Apareció en la editorial 'El Árbol', por iniciativa de la revista 'Cruz y Raya', en una edición limitada a 1.100 ejemplares.
   Los montajes y adaptaciones de Bodas de sangre son incontables. Digamos tan solo que en Inglaterra la estrenó Peter Hall en 1954 en el 'London's Arts Theatre'. En España lo haría José Tamayo en el 'Bellas Artes', el 9 de octubre de 1962, con Paquita Rico como la Novia, Pepita Serrador como la Madre, y Rafael Arcos y José Rubio como Leonardo y el Novio, respectivamente. José Caballero, casi treinta años más tarde, volvió a ocuparse de la escenografía; los figurines eran de Vitín Cortezo, y la música corrió a cargo de Gustavo Pitaluga. De las puestas y versiones que vinieron después, personalmente me quedo con la adaptación en baile de Antonio Gades y Alfredo Mañas, filmada por Carlos Saura en 1981, y el montaje de José Luis Gómez con Gloria Muñoz, Gemma Cuervo, Helio Pedregal y una jovencísima Blanca Portillo, en 1986, en el Albéniz.

   El libro 'Bodas de sangre', con textos de Federico García Lorca y fotografías de Castro Prieto, acaba de ser publicado por 'La Fábrica'.